Todos Somos Emprendedores
Es nuestra vida y nosotros debemos hacernos cargo y tomar responsabilidad sobre ella.
Recientemente sostuve una conversación con un experto en emprendimiento, quien me comentaba las investigaciones internacionales que indican que una sociedad completa se transforma muy positivamente cuando un 5%, o más, de las personas en edad laboral se convierten en emprendedores.
Estos emprendedores son capaces de proveer oportunidades laborales para porcentajes muy altos de la fuerza laboral, lo cual redunda en beneficios para muchos.
Por ejemplo, en América Latina, se estima que entre el 60% y 80% de los empleos formales son provistos por empresas pequeñas y medianas.
Al mismo tiempo, he escuchado, más de una vez, que el emprendimiento no es para todo el mundo, sino que solo es para el pequeño porcentaje (curiosamente, también se menciona el 5%) de las personas que están dispuestas a pasar por lo que significa emprender.
Yo creo que ambas perspectivas son interesantes y tienen mucho mérito.
Como mencioné en mi artículo anterior, crear y manejar un negocio, ya sea un emprendimiento más pequeño o una empresa mayor, es una de las alternativas de actividades dentro de la "Fórmula Profesional" que cada uno de nosotros puede y debe construir.
Obviamente, emprender no es una alternativa fácil, pues suele representar un proceso de aprendizaje acelerado, en tiempo real y con consecuencias potenciales muy serias.
Difícil, pero altamente satisfactorio y rentable, en suficientes ocasiones como para que todo el esfuerzo y sufrimiento valga la pena.
Sin embargo, desde hace tiempo también he estado considerando una perspectiva adicional y distinta, relacionada con el significado original de "emprendimiento" y "empresa", que no está asociada a actividades comerciales, con fines de lucro.
Originalmente, "emprender" o una "empresa" significaba "comenzar o embarcarse en una actividad que requeriría desafíos, dificultades y esfuerzo".
Por eso, en cierta medida, yo tiendo a pensar que todas las personas, desde el momento en que nacemos, nos convertimos en emprendedores o empresarios, aunque no nos demos cuenta o no queramos aceptarlo.
A menos que consideremos que la vida es algo fácil y libre de dificultades (algo que nunca he escuchado, realmente), entonces, nuestra vida es, necesariamente, nuestra mayor y más importante "empresa" o "emprendimiento".
Desde el día en que nacemos nos embarcamos en una aventura que, claramente, implica complicaciones y esfuerzo.
Sangre, sudor y lágrimas, aunque ojalá también satisfacciones y recompensas.
Por lo tanto, la mejor actitud que podemos tener es la de enfrentar nuestras vidas, personales y laborales, como una iniciativa que implica definir un propósito claro, con metas y objetivos concretos y específicos, que nos llevarán a lo que nosotros consideramos importante, satisfactorio y valioso.
Al mismo tiempo, esto implica gestionar efectiva y eficientemente nuestros recursos (tiempo, atención, dinero, capacidades, energía, etc.), aplicándolos en aquellas áreas que nos generarán un mayor retorno (económico, emocional, relacional o espiritual).
Por supuesto, a veces parece más fácil delegar esta responsabilidad en otras personas o instituciones. Especialmente cuando la presión de las circunstancias es demasiado alta.
Pero, en mi opinión, esa nunca es una buena decisión.
En definitiva, es nuestra vida y nosotros debemos hacernos cargo y tomar responsabilidad sobre ella.
Saludos,
Rodrigo
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